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Los Duendes de la Prosperidad: Los Brownies
Los Brownies son una clase de duendes que habitan en los hogares. Son originarios de Europa Occidental (mitología escocesa).
Su nombre, que significa "marroncito", proviene del color de los jirones o harapos de ropa que visten. También pueden recibir varios nombres, según la localidad: se llama bwca (Booka) en Gales, bodach en las Tierras Altas de Escocia y fenoderee en la isla de Man.

La palabra inglesa fairies es la más adecuada para denominar a criaturas, porque posee ambos géneros y no puede traducirse en castellano. Estos seres existen en los mitos populares del todo el mundo, en el universo celta poseen una relevancia única; sus historias son innumerables, y la descripción de sus atributos, orígenes y particularidades es detallada y minuciosa.
Físicamente, su imagen corresponde a la de un hombrecillo velludo, de tez oscura y arrugada que muchas veces suele andar desnudo o mal vestido, con ropa muy vieja. Suelen ser bajos de estatura, variando de 10 cm. o incluso menos, hasta 80 cm. o un poco más. Son duendes agradables y buenos que se encargan de la prosperidad ecónmica de las casas que habitan. Suelen vivir en las cocinas. Están desprovistos de maldad y viven en armonía con los humanos. Hablan poco, o con silbidos, y aunque viven más que las personas, aparentemente mueren, o al menos desaparecen.

Los estudios dicen que son una clase elfos domésticos o demonios familiares. Sin embargo, realmente son duendes. Los duendes son los llamados "gente menuda" por casi todos los pueblos anglosajones y escandinavos. Es decir, seres mágicos que habitan en otro plano de la realidad. Dicen que los duendes están entre los ángeles y los humanos, que habitan dimensiones que solamente algunas personas pueden acceder.
No les gusta vivir en soledad y se buscan familias extensas. Si se encariñan de una casa pueden residir allí mucho tiempo e, incluso, quedarse en caso de que el dueño se mude. En cierta manera, el brownie adopta un hogar.
Se dice que sus casas son amplias y hermosas, y no pueden ser vistas por el ojo profano. Se iluminan con luz que proviene de lámparas y fuegos perpetuos que no necesitan combustible.

En la Antigüedad, el pueblo respetaba la labor de estos duendes por su carácter bonachón y su sentido de la responsabilidad. Por las noches salían a los campos a cosechar, trillar, segar, y, en general, a hacerse indispensables. Asimismo, dicen que cantaban dulces canciones en los oidos de las vacas mientras las ordeñaban, y de esta manera, conseguían una leche cremosa y espesa. Por ejemplo, otra de sus labores cotidianas, consistía en llevar a las aves de corral hacía zonas donde podían
Continua
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